fbpx Saltar al contenido principal

Indumentaria, credibilidad y comunicación.

Si preguntásemos a los políticos sobre la importancia de su indumentaria, aspecto físico y modales, probablemente nos dirían que esos son asuntos nimios. Sin embargo, a la hora de concurrir a unas elecciones o de promocionarse ante la ciudadanía, es fácil comprobar que todos se rodean de asesores de imagen. Sus fotografías –oficiales o no- hablan de ellos. Téngase en cuenta que más del 80% de la comunicación es estrictamente visual. En nuestros días vale más la imagen que la palabra. Tanto es así, que algunos de los políticos más importantes de la historia no tendrían hoy la significación que tuvieron ayer. Sir Winston Churchill usó su excelente y hábil oratoria para actuar como líder, sin embargo su imagen de hombre grueso y de torpes andares no atraería hoy mucha atención.

Es obvio que además de un buen programa hay que construir una cuidada imagen del líder. El voto se capta, además de con programas políticos, con la ayuda del aspecto exterior del candidato. La construcción de la imagen de responsables políticos y empresariales es calificada por algunos expertos como la “plástica del poder”. A los políticos y empresarios se les cambia el corte de pelo, se les enseña a anudar la corbata, a mover sus manos con coherencia, a comunicar de forma no verbal, a sonreír e incluso a hacer llorar. Se les adiestra en la forma de sentarse, en los modos y usos sociales e incluso a comer. Algunos se negaron, como Alfonso Guerra, a vestir un frac para asistir a las cenas de gala del Palacio Real y nunca se sentaron en esa mesa. Otros, sin embargo, hacen uso y ostentación de las condecoraciones en el chaqué, aunque el chaqué no admita condecoraciones, como lo hizo el ex Alcalde de A Coruña – y hoy embajador de España ante la Santa Sede- en la Boda de Los Príncipes de Asturias.  De alguna forma todos los políticos de enjundia han sido construidos conforme a los gustos del momento y, por tanto, de acuerdo con las necesidades del marketing político.

Lo que está claro es que es difícil imaginar al Sr. Rajoy o al Presidente Zapatero interviniendo en el Debate del Estado de la Nación con playeras, pantalón corto y camisa con flores y palmeras. Si así fuesen vestidos su credibilidad se vería notablemente mermada. Recordemos la triste imagen del presidente Evo, que se paseó por Europa durante varios días con el mismo jersey de lana. Su indumentaria -en clave populista- era muy apropiada para el consumo interno del país pero absolutamente inconveniente para el lenguaje de la diplomacia mundial. Más tarde, en las invitaciones a su toma de posesión como presidente, se exigió para los hombres «traje oscuro» y para las mujeres «traje cócktel». Al final, nos guste o no, se hace realidad el sabio refrán castellano: “Según te veo el hato, así te trato”

Pincha sobre las fotos para verlas en su tamaño original

En nuestra comunidad es normal observar al Sr. Presidente con corbata roja y blanca – los colores de la Bandera de Castilla La Mancha- y D. Fernando Lamata utiliza semanalmente su corbata roja-psoe. Políticos  y empresarios coinciden en el traje: siempre es oscuro porque ese color les confiere una imagen de seriedad y formalidad. Los más avezados siempre llevan la americana abotonada. Los que desconocen o no dan importancia a los gestos llevan su chaqueta abierta mostrando en algunos casos sus abultadas barrigas, y posan de brazos cruzados gesto que no es muy adecuado para un político o empresario. Pero si ofrecen un mitin en domingo, que está hecho para descansar, lo hacen en mangas de camisa o con cazadora, muy de sport.

Los empresarios también hacen lo propio. El presidente del Banco de Santander no aparece en público sin su corbata roja y camisa blanca cuyos colores son los corporativos del banco que dirige. Su actitud ha sido “copiada”, también, por el presidente de IBERDROLA al que últimamente  vemos lucir una corbata con el verde corporativo de la empresa eléctrica que dirige. Ambos conocen las ventajas promocionales de una  cuidada y estudiada imagen.

En el extremo del mal gusto, que se acerca al insulto, podríamos citar el vestido que usó Aghata Ruiz de la Prada en la Boda de SS.AA.RR Los Príncipes de Asturias. Asistir a una Boda Real con los colores de la bandera republicana no parece adecuado, pero ella sabía que daría que hablar y eso es importante para su empresa.

No me cabe la menor duda: El hábito hace al monje.

Recibe las entradas del blog en tu email

Introduce tu email para recibir semanalmente en tu correo electrónico los artículos nuevo publicados en el blog.

También te puede interesar...

1 comentario

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será pública.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.