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Más de lo mismo.

Me cuesta creer que no lo hacen conscientemente. Un jefe de estado que recibe a su homólogo dejando que su perro se acerque a olisquear y pose en una fotografía; una primera dama que acude a mostrar su apoyo a los damnificados en una catástrofe con unos stilettos, como si de un acto social divertido se tratara. O sus asesores son unos lerdos o ambos descuidan aspectos que afectan a la credibilidad de los más altos dignatarios.

El presidente Macron, en busca de la cercanía, de la humanización de lo que representa y en un claro intento de copiar al maestro de la imagen pública – Barack Obama- ha incorporado su perro al séquito de recepción de los Jefes de Estado en visita oficial a Francia.  ¿Qué hubiera pasado si el perro comienza a ladrar o, incluso, hubiera mordido en ese momento no ya al Jefe de Estado visitante sino a cualquiera de los presentes? Qué gracioso si se hubiera puesto a hacer pis en la rueda del vehículo de representación….y qué ridículo más grande. Ah! se me olvidaba, creo necesario destacar que el perro ha sido adoptado…… qué bonito y qué tierno. Me pregunto cómo se habrá sentido el Presidente de Nigeria cuando la importancia de su presencia en Francia ha quedado reducida a los titulares de importantes medios de comunicación que destacan la presencia del perrito del presidente. Echa un vistazo a estas sugerentes fotografías.

Vamos con el caso de la Primera Dama de los Estados Unidos que está más interesada en parecer alta, estilizada y atractiva que en demostrar preocupación, consideración y solidaridad con los damnificados por el huracán Harvey. Quien afirme que no tiene importancia el cómo -las formas y la apariencia externa- puede echar un vistazo a los titulares de los periódicos del mundo que dan una importancia inusitada a los taconazos de Melania Trump y, como consecuencia, la restan a los verdaderos protagonistas: los damnificados. Parece, también, que las gafas de sol no son muy apropiadas cuando, más que llover, diluvia en Washington. Por cierto tampoco vale colocarse, más tarde, zapatillas blancas y gorra FLOTUS -sobre todo cuando se está en el interior de un edificio- porque esa es una indumentaria para asistir a un partido de voley-playa. Yo le hubiera recomendado botas altas de agua, chubasquero y, sobre todo, aparecer empapada, con barro hasta las rodillas y mostrando pesar junto a las víctimas. Hubiera sido más creíble y rentable.

Ahí va la segunda galería.

Pues nada más y nada menos. Lo dicho. Más de lo mismo. No saben ser, estar y representar lo que merece su representación. Más banalización del deber de representación. Good bye a las formas. Au revoir a los modales. Mi amigo Juan de Sevilla ha añadido: «hausfidersen ar prostocolor».

© Juan de Dios Orozco López

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