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Blade Runner y el protocolo.

Antes de comenzar a escribir sobre el tema de hoy que trata de mayordomía, quería pararme a reflexionar sobre el  Observatorio de protocolo que ha aparecido con esta pandemia del COVID-19. Ya sé que voy a recibir críticas, pero tan loable es la opinión de los que defienden su creación como respetable es la mía, que se enfrenta a ellos.  Los que me conocen o han oído mis intervenciones en el foro Protocolo COVID-19 saben que me opongo porque, en sustancia, yo entiendo que se pretende crear una organización con parecidos cometidos a los que la asociaciones de protocolo ya tienen. En cualquier caso, estoy seguro que cuando haya que crear estructuras, establecer responsabilidades y se generen gastos -esto es lo menos importante-, la mayoría -no todos- de los que hoy aplauden esta iniciativa, desaparecerán como el agua en Los ojos del río Guadiana.

Mi preocupación no se centra en quienes promueven el Observatorio ni a la finalidad del mismo sino en las consecuencias que tendría su creación y puesta en funcionamiento. Estoy completamente seguro que las intenciones son nobles pero el resultado puede ser nefasto para la unidad. Muchos desencantados que piensan que las Asociaciones son inmovilistas, creen que adhiriéndose al Observatorio van a encontrar lo que aquellas no le ofrecen. Creo que están equivocados. Las Asociaciones no pueden hacer más porque son tan pequeñas -por la huida masiva de profesionales- que no disponen de recursos para hacer más cosas. Si ahora se produce una desbandada de afiliados -nadie va a querer pagar el doble por recibir lo mismo- solo un par de ellas, a lo sumo tres, perdurarán. La AEP será una de las que perdure. Piensa tú cuales serán las otras dos.  

Es cierto que las asociaciones no han sabido encontrar el camino para crear una Federación nacional -que por otro lado no iba a ser la panacea- pero en ningún caso debería utilizarse esta circunstancia para añadir más división con la creación de una organización al margen de las asociaciones. No es menos cierto que el rechazo de las asociaciones a federarse -se admita o no- está fundamentado en el peso que en la supuesta Federación tendrían cada una de las asociaciones autonómicas. Este es el mayor obstáculo: el equilibrio de poderes entre asociaciones que se federan. Conscientes de ello, algunas iniciativas han llamado a la puerta de los despachos de los más importantes responsables del protocolo oficial del Estado en la esperanza de que, con su supuesto impulso, la unión se iba a conseguir. Nada de nada, los responsables del protocolo en las instituciones del Estado están a lo suyo y rehuyen asociarse simple y llanamente porque les da igual lo que en las asociaciones ocurra. Si tuvieran interés real por las asociaciones, se asociarían y de seguro el número de afiliados subiría. A mi no me vale la excusa de que por su alta responsabilidad no pueden «afiliarse». Las asociaciones carecen de ideología y nada tienen que ver con la sindicación.

Digamos que el observatorio debería nacer desde el impulso asociacionista y no al revés. Así pensé que funcionaría este magnífico grupo de protocolo que durante la pandemia del COVID 19 se ha venido reuniendo. Los resultados han sido fantásticos y se presentaron documentos, a través de las asociaciones, a altas instancias del Estado sugiriendo acciones diversas.

Para mi, es una pena que mientras que unos trabajan por la unidad, otros desperdicien su valiosa energía en la creación de una  organización cuyos objetivos están sobradamente cubiertos por las asociaciones ya existentes. Muchos afirman que la idea del observatorio NO ES enfrentarse a los intereses de las asociaciones, pero PARECE lo contrario. Veremos a dónde acaba el barco del protocolo por efecto de las corrientes.

En fin, tengo la suerte de haber disfrutado de la experiencia protocolaria en la Casa de S.M. El Rey;  con humildad, me considero uno de los primeros que introdujeron el protocolo en los más altos niveles de decisión empresarial y a nadie se le escapa que soy emprendedor y empresario. Dicho lo anterior, debo decir que mi amigo Juan de Sevilla me dijo el viernes: «Güandedió tu lo que here he un Breil Rana der protocolo». No entendí nada, pero el añadió en perfecto inglés» I’ve seen things you people wouldn’t believe…I’ve known adventures, seen places you people will never see, I’ve been Offworld and back»…con lo que entendí mucho menos, porque mi inglés está limitadísimo. El traductor de Google hace virguerías.

«Güandedió, nontiendedená. Tu hestá debuerta de tó, como er Breil Rana ¿porké no lo deha lla y te cayaz?» . Así que capté su idea. Me decía que yo, tal y como Blade Runner, había ido y regresado de muchas situaciones y me invitaba a seguir con mis mayordomos y a callarme.  A lo que contesté con una media sonrisa:  «No lo dejo porque  no me gusta callar ante lo que considero erróneo y 2º porque no me da la gana callarme.  La primera razón es ética y la segunda personal. Son dos razones de peso. ¿No? Ya sabes que tengo una concepción holística de todo este asunto…» y Juan de Sevilla se reservó treinta segundos de silencio para afirmar: «baz ha tener rason, todo esto güele. Zí, todo esto es güelístico«.

Me van a dar la del pulpo…

¡Ay va! Perdona pero yo iba a escribir de Wilson Roosevelt Jerman, mayordomo de La Casa Blanca, que acaba de fallecer por coronavirus y que atendió a once presidentes…pero me lío, me lío..

© Juan de Dios Orozco López

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2 comentarios

  • Juan Fernández
    05/06/2020 a las 19:40

    Siempre certero en tus apreciaciones, Güandedió. Es curioso que una profesión cuya mayor virtud es gestionar egos ajenos, sea incapaz de lidiar con los propios. Tu amigo Juan de Sevilla atesora todas las virtudes que Ortega atribuyó a los andaluces.

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