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Normalizar y naturalizar el insulto.

Así lo ha propuesto un político con altas responsabilidades en España, afirmando que es lo normal en las sociedades democráticas avanzadas. Yo no puedo estar más en desacuerdo. No hablo de política sino de normas que facilitan la convivencia y la cohesión social. De política sé, pero no opino. De protocolo y modales opino porque sé.

A veces, para ocupar espacios en los medios de comunicación o para distraer la atención de algún tema, se hacen afirmaciones que no caben mas que en las mentes menos favorecidas por la inteligencia, el sentido común y la cultura. Precisamente en las sociedades más avanzadas es donde no cabe el insulto. Entre los más cultos e intelectualmente más capaces es donde el insulto no se utiliza ni como herramienta retórica. Porque el insulto pretende humillar y no tiene ni justificación ni contenido que la razón pueda justificar. La razón tiene herramientas más elegantes y socialmente más eficaces que se distancian de la actitud vehemente y asocial de quien profiere el insulto.

Las sociedades avanzadas y los grupos sociales civilizados se dotan de normas para que el insulto -que es una característica que distingue a personas mal educadas, intolerantes y violentas-  no ponga trabas en las relaciones personales de éxito que, por otro lado, son la base del éxito de cualquier tipo de relación ya sea política, diplomática, comercial, económica o empresarial.

«Una sociedad es tanto más avanzada cuanto más capacidad tiene de dotarse de normas»(*) que son seguidas y asumidas por sus miembros de manera libre. Las normas se asumen individualmente, precisamente, para respetar la libertad de los demás, imponiendo límites al propio albedrío en beneficio de la colectividad. Al final, las normas de urbanidad y cortesía  -sí, también las normas de protocolo- sirven para mantener a la sociedad cohesionada. Donde la ley escrita no llega, la urbanidad, los usos y costumbres y los modales actúan para unir a las personas mediante el establecimiento de patrones de conductas premiables o reprochables. 

Insultar es cuestión de buena o mala educación. La diferencia entre una persona educada y una que no lo es, está en que aquella impone límites a sus pretensiones mientras que ésta siempre «dice y hace lo que piensa», aunque moleste a los demás. El resultado de las dos actitudes es diametralmente opuesto. La persona educada siempre encontrará argumentos para calificar a quién merece su desprecio, mientras que quien no conoce las buenas formas, insultará intentado humillar sin más.

Es curioso que en público y en la mayoría de las ocasiones, el que pretende insultar está en una posición de dominancia. No es menos cierto que «No ofende el que quiere sino el que puede», pero este aforismo solo lo utilizan los asistidos por la razón y no por la visceralidad del inculto y soez ofensor.

También es cierto que el insulto es gratuito desde el punto de vista intelectual y desde el punto de vista legal. Para insultar vale cualquier cociente intelectual y en el plano de la legalidad hay insultadores y mentirosos compulsivos a los que cuesta muy poco ser sancionados en un juzgado.

Así que, de acuerdo con lo anterior, no me queda más remedio que afirmar razonadamente que las sociedades avanzadas dejan de serlo cuando asumen el insulto como algo cotidiano, normal y natural, lo diga un gobernante o el sursuncorda… dicho sea con todo respeto y sin ánimo de insultar sino de calificar.

© Juan de Dios Orozco López.

(*) Para ser sincero, no sé si esta frase es mía o la he leído en algún sitio. La menciono muchas veces.

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9 comentarios

  • Bredy
    19/07/2020 a las 15:03

    Excelente. Pareciera una nimiedad, pero la costumbre que nos han querido imponer de ver el insulto como algo natural es realmente indignante. Visto en política, en redes, en directos. Gracias por el rayito de sol.

  • Miriam
    19/07/2020 a las 15:11

    Estimado Juan de Dios Orozco López
    Felicitaciones por el artículo. Es justo para este momento en el cual estamos viviendo.
    Gracias

  • 19/07/2020 a las 15:59

    Muchas gracias Miriam. Muy cierto. Alguien debería tenerlo en cuenta. Saludos cordiales.
    JDD OROZCO

  • 19/07/2020 a las 16:02

    Gracias Bredy. Los políticos insultan con intención de distraer o provocar choques entre la sociedad.
    Gracias por tu comentario.
    Saludos cordiales.
    JDD OROZCO

  • Aracelli C. Fullem
    19/07/2020 a las 16:36

    Estimado Juan, muchas gracias por el excelente artículo, el cual despierta al análisis. Los insultos y las mentiras, éstas últimas como la máxima expresión de insulto a nuestra inteligencia, muchas veces inherente al individuo quien pierde la noción de la realidad. Una mentira puede acarrear más consecuencias que un insulto como la difamación. El que los profiere se confiere el permiso a maltratar y ambos convergen en la falta de maneras y modales.

  • 19/07/2020 a las 16:37

    Totalmente de acuerdo contigo. Gracias por el comentario.
    Saludos cordiales.
    JDD OROZCO.

  • Juan Francisco
    22/07/2020 a las 23:44

    En mi opinión, la convivencia es la «médula» que soporta el peso de la sociedad. Las buenas costumbres, la comunicación, el respeto y el entendimiento, conforman nuestros pilares para avanzar. Así se construye una amistad, una familia y una sociedad…

  • 23/07/2020 a las 08:47

    Gracias Juan Francisco por el comentario que suscribo en su totalidad.
    Saludos.
    JDD OROZCO

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