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Protocolo para vivir.

Tenemos que explicarlo y mucho. Quienes se aproximan al protocolo deben tenerlo muy claro y quienes hablamos, escribimos o enseñamos, mucho más. El protocolo sirve para convivir, para la relación con los demás y para ejercer una profesión. Sin esas básicas normas de convivencia no existiríamos como civilización. Una sociedad avanza en tanto que es capaz de dotarse de normas,  acatarlas libremente y renunciar a parte de deseos, gustos e incluso libertades individuales. En este caso hablamos de normas para convivir, para socializar y, por supuesto, para hacer negocios y relacionarnos con personas de otras culturas. Sí, es necesario delimitar y aceptar límites. La libertad total es una entelequia y una meta inalcanzable que han sabido manipular en su favor algunos políticos sectarios y populistas.

Quienes mantienen que el protocolo les distingue del resto y lo usan para acentuar esa diferencia, demuestran una tremenda estrechez de miras, un absoluto desprecio por la realidad en la que vivimos y un inequívoco intento de encumbrarse a espacios para los que no están preparados, que no les corresponden y que tampoco merecen.

No es más protocolario quien más se hace ver sino quien destaca por su discreción; no es más elegante quien gasta más en ropa o conduce un deportivo, sino quien es capaz de ser aceptado en diferentes grupos sociales por su naturalidad, respeto y asunción de las normas que rigen los procesos sociales; no es más protocolario el que mejor come, declama, toca el piano o se viste de alta costura sino quien no necesita de aditamentos para destilar excelencia. No es, en fin, más educado y moderno quien siempre dice lo que piensa sino quien solo verbaliza lo que es apropiado, necesario y lo hace de forma equilibrada.

Pues esto es lo que necesitamos. Necesitamos normas que nos hagan mirar y ser observados en positivo. Necesitamos un protocolo cercano, respetuoso con las creencias, afectuoso con las personas y que no se note. Lo necesitamos ya, en la escuela. Necesitamos un protocolo que no exista y que no se vea porque sea practicado con naturalidad y cotidianidad.

Por eso necesitamos líderes que acepten y exijan el protocolo como norma de convivencia y que aprecien y respeten los límites de los demás delimitando los propios.

En realidad aunque algunos piensen lo contrario, necesitamos protocolo y lo necesitamos para vivir.

© Juan de Dios Orozco López

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4 comentarios

  • 13/11/2020 a las 15:18

    Excelente articulo, muy sutil, pero directo

  • 13/11/2020 a las 16:19

    Gracias por el comentario.
    Saludos cordiales.
    JDD Orozco.

  • Ingrith Araque
    14/11/2020 a las 23:08

    Sr. Orozco
    Cordial saludo,
    Desde niña me ha apasionado el mundo de la elegancia, el glamour y la diplomacia. Siento que es mi naturaleza y me hala.
    Lamentablemente esto me ha hecho sentir estancada y muy mal de ánimo pues mi poder adquisitivo me aleja de permanecer en este estilo de vida. He tenido solo tres incidentes desagradables porque personas que me han visto en reuniones sociales y luego me ven trabajando en oficios varios, no me saludan. Me gusta el mundo de la amabilidad y la diplomacia, atender muy bien a las personas, independientemente de sus temperamentos. No veo viable un entrenamiento en su empresa pues a penas estoy recuperando la posibilidad de tener alimentos en la mesa a diario. Agradezco mucho el haberme permitido comunicarme y sentirme parte de su equipo por un momento. Éxitos con este bello arte!

  • 15/11/2020 a las 08:54

    Gracias Ingrith por su atento y afectuoso comentario y permítame un consejo: deje que quienes la critican -necios y engreídos- piensen que el dinero y la alta posición económica ofrecen elegancia, modales y educación social. Ellos mismos se desacreditan pretendiendo ser lo que nunca serán.
    Estamos a su disposición y ojalá algún día tenga la oportunidad de saludarla personalmente.
    Con mi sincera consideración.
    JDD Orozco.

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