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So help me God.

Con esta frase finalizan el juramento -sí juramento- de los presidentes de los Estados Unidos de Norteamérica. También se puede prometer, como ya hiciera el presidente Franklin Peerce. La fórmula de juramento (o promesa) queda determinada en el Art. II, Primera Sección, apartado 7 de su Constitución.

En realidad, la frase «So help me God» no está incluida en la fórmula oficial sino que un biógrafo de George Washington afirmó que el que fuera Presidente, al finalizar su juramento, la añadió solicitando el apoyo divino. La costumbre ha hecho que este petición de la ayuda de Dios se haya consolidado como parte del juramento.

El «Inauguration Day» fue muy aburrido.

Hemos asistido a un «Inauguration Day» del Presidente Biden aburrido y en el que nada -incluido su discurso- ha sorprendido. Los primeros planos fueron la tónica general porque las limitaciones impuestas por la COVID y por la seguridad impidieron la asistencia de público. Ni las más de 150.000 banderas estadounidenses han logrado provocar la más mínima emoción que finalmente es lo que produce la conexión con el observador. Monótona y fría. Así fue la ceremonia.

No ocurrió nada de nada. Biden no se equivocó como ya lo hiciera en su día Obama. Tampoco apareció con la americana desabotonada y una corbata roja de dos metros, como lo hiciera su predecesor Trump. Su discurso fue plano y conciliador, sin apenas gestos y la producción de TV -a falta de pan, buenas son tortas- se limitó a recorrer las caras de un escaso y seleccionado grupo de asistentes. Todo perfectamente medido y controlado. Incluso los oficiales que acompañaban hasta el estrado eran perfectos. Oficiales de marina -el uniforme es más vistoso que el del Army o la Air Force- con uniformes perfectos, altura perfecta y movimientos «Madelman» perfectos que casi hacían levitar a las damas hasta el lugar de su actuación.

Todo excesivamente medido. Sin baile, no pudimos disfrutar de las miraditas de complicidad que se prodigaron los Obama y sin desfile de la tarde nos quedamos sin la perfecta ejecución de los marines y la pachanga de las majorettes. Todo se ha hecho perfectamente desde el punto de vista del protocolo.

Lo más destacable en la ceremonia fueron las actuaciones de Jlo y Lady Gaga. Ahhhh, qué momentos cuando la multitud cubría la pradera del ala oeste del Capitolio con Obama…

Los norteamericanos son los mejores para esto del marketing político -lo inventaron ellos- y para crear espectáculos más atractivos que el que hemos soportado con paciencia estoica. Desde el punto de vista del protocolo, todo ha sido predecible y absolutamente encorsetado.

Atrás quedó el magnífico peluquero de Trump que consiguió emular a Botero con volúmenes imposibles. Ya no podemos disfrutar de los genuinos cardados y de la magistral utilización de secador y cepillo que crearon cubiertas capilares imposibles desde la nuca hasta la frente. ¡Qué pelazo!

Ahhhhhh, qué tiempos los de Obama y Pete Souza! Qué magníficas fotografías cargadas de mensajes perfectos, medidos, evocadores y eficaces desde el punto de vista de la comunicación.

Las fotografías de Pete Souza siempre servían a los intereses propagandísticos de Obama.

Nos hemos quedado sin el efecto WOW de los taconazos de Melania para acudir a consolar a los afectados por huracanes. Ya no la veremos luciendo tipazo ni rechazando la mano de su esposo.

Los tacones de Melania sirvieron para consolar a los afectados por el huracán Harvey

No veremos, tampoco, a Trump dando codazos para ocupar el mejor lugar en la foto cuando se reunía con otros jefes de Estado o Gobierno ni seremos testigos de su mala educación y soberbia.

La grosería de Trump ha sido una actitud nunca vista en un Jefe de Estado.

Lo único realmente interesante ha sido la Vicepresidenta Kamala, que mantiene un idilio con la cámara de igual intensidad -de momento- que el que disfrutó Obama y a la que vamos a ver muchiiiiisisisimoooo desde ahora. De momento, teniendo los mismos ingredientes que la fórmula Obama -hija de inmigrantes, mujer luchadora, no blanca y (no lo dejemos pasar por alto) atractiva- estoy seguro que seguirá los métodos que encumbraron a Barack Obama hasta la Presidencia USA. El interés que despierta una mujer de color en la Presidencia de los EEUU es irresistible. Ya veremos, pero su presencia como Vicepresidenta viene a corroborar que algunos no dan puntada sin hilo y que la Presidencia de Biden tiene como objetivo, sin solución de continuidad, el de promocionar a Kamala. Demos tiempo al tiempo.

Cámara & Kamala. Juzga tú. Su promoción para el ascenso ya ha comenzado

So help me God!!….a soportar un largo tiempo de aburrimiento hasta que Kamala ascienda….

© Juan de Dios Orozco López 

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