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La diplomacia y Manolete.

Cuando un diplomático dice «sí», quiere decir «tal vez».

Cuando dice «tal vez», quiere decir «no».

Cuando dice «no», entonces no es diplomático.

Charles M. de Talleyrand

No todo el mundo vale para llevar a cabo determinados trabajos. No vale solo la formación y otras cualificaciones técnicas. Sin habilidades personales, no se alcanza el éxito profesional.

Fue el pasado jueves, en un debate de la Organización Internacional de Ceremonial y Protocolo que tuvo por título «Protocolo diplomático en la actualidad». Yo quería saber qué tipo de habilidades eran necesarias para desarrollar la actividad como agente diplomático. «Soft skills» recalqué. Fui el primero en preguntar en el chat, pero ¡Ay mísero de mí, y ay, infelice! mi pregunta -que yo sepa- no fue trasladada a los ponentes. Sin embargo, el diplomático paraguayo José María González -uno de los cinco magníficos de la tarde- la contestó con esta frase que no recuerdo a quién atribuyó:

Si quieres tener éxito, tienes que conocer su vajilla.

Su intención, creo yo, fue poner de manifiesto la obligatoriedad de las reuniones en vivo para llevar a cabo, con éxito, determinadas profesiones como la de diplomático.

No sé si leyó mi pregunta en el chat. Pero con su respuesta y sus sobrios modales hizo gala de un tacto y habilidad personal fuera de lo común. Dictó una frase oportuna, elegante y contundente. Lo hizo con la sutileza de la que solo puede alardear quienes saben ser diplomáticos y que les permite poder estar en contextos muy exigentes con éxito. Supongo que ya te habrás dado cuenta que en este párrafo y en negrita tienes las respuestas a mi pregunta.

Por eso, yo creo que Conocer la vajilla:

  1. Indica que has de haber sido admitido al grupo de personas que se sientan en una mesa; no basta tener oficialmente estatus de agente diplomático, es necesario merecer y ganarse personalmente la pertenencia al grupo.
  2. Implica trasladarse para hacerse presente; la presencialidad en diplomacia – y en muchos negocios- es absolutamente necesaria.
  3. Significa que eres de confianza de tu anfitrión; por eso es mejor hablar poco, escuchar mucho y mostrarte prudente, sencillo y moderado.
  4. Obliga a escuchar cosas que no son agradables y a verbalizar tus ideas con muuuchooo tacto. Debes aplicar siempre el filtro «THINK before… « y en muchas ocasiones deberás morderte la lengua.
  5. Expresa que tienes habilidades personales para adaptarte a cualquier circunstancia, incluida la que no es favorable para ti.
  6. Revela si realmente conoces qué hacer, cómo hacerlo y distinguir los contextos donde poder hacerlo.
  7. Exige no solo adquirir conocimientos sino tener la sabiduría que otorga únicamente la experiencia y el deseo educado de agradar.
  8. …y además, cuando te sienten en la mesa podrás saber tu importancia, en relación con los componentes de grupo, por el lugar que te asignen y…por el valor y tipo de la vajilla que utilicen.

Así que si no te has leído el Manual de Urbanidad y Buenas Maneras de Manuel Antonio Carreño (1853), Los deberes de una Buena Sociedad, de Camilo Fabra (1883) y el Manual completo del hombre fino traducido del francés por D. Mariano de Rementería y Fica en 1837… o, mejor aún, si no te has preocupado por las buenas maneras o conociéndolas no las has cultivado, no te dediques a la diplomacia…ni al protocolo…ni a la empresa…ni a vender coches…bueno…mejor dedícate a ser cazador recolector.

Mi amigo Juan de Sevilla, que suele ser bastante acertado en sus afirmaciones, me ha enviado esta frase:

«Güandedió héj que en la bida ay musho Manolete quezinzabé toreá, zemete»

Juan de Sevilla.
Solo los que conocen el arte de torear salen triunfantes de la plaza.

Salir a torear a cualquier plaza obliga a tener valor y actitud personal. Sin ellas es imposible emocionar y convencer. Así lo hacía Manolete y así lo hacen los diplomáticos…bueno… y los cazadores recolectores, también.

Así que, si no conoces la vajilla…pues eso.

¡Ah!, y enhorabuena a la OICP por impulsar estos encuentros internacionales.

© Juan de Dios Orozco López

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