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Bushidō (武士道) y liderazgo.

Pues no ha quedado mal el titular. Estéticamente me resulta agradable, aunque no entiendo japonés. Confieso que mi inglés isjorribol y de castellano, lo justito para hacerme entender. 

Esto del fondo y las formas, de la ética y la estética, siempre me ha atraído. Quizá sea porque quienes integran esas dos cualidades son verdadero líderes y yo siempre aspiré a serlo. La verdad es que no sé si alguna vez lo conseguí y, en cualquier caso, sigo en el empeño. 

Para conseguir ser líder, tengo clara una idea: mientras que la ética es una cualidad personal que se lleva en los genes, la estética es un sumatorio de habilidades aprendidas que resultan ser el envoltorio de lo realmente importante de un líder, que es la actitud hacia los demás y el respeto a sí mismo. 

La estética, con el tiempo, se transforma en rutina de manera que alguien con el suficiente tesón puede lograr ser agradable y emocionante para los demás. 

La ética, sin embargo, es una cualidad que necesita del esfuerzo diario para no sucumbir a las atractivas ofertas de flautistas que adornan con dulces melodías la bajeza de sus intenciones. 

Muchos hablan de la necesaria inteligencia que ha de poseer un líder o de la obligación de ser culto para ejercer el liderazgo. Sí, sí, claro está. Pero lo importante para liderar no se encuentra en la recompensa individual, sino que necesariamente se extiende a la satisfacción de las necesidades del grupo. No hay líder sin grupo humano al que dirigir y de nada sirve la inteligencia o una sólida base cultural sin la necesaria orientación al grupo. 

El respeto y la cortesía son cualidades del guerrero y líder del s.XXI.

De acuerdo con lo anterior, la distancia que separa a un capitán de un desgarramantas se mide por la satisfacción del grupo y esto no se logra sino con mucha valentía. Solo los valientes se alejan de la petulancia para oír la opinión de los demás. Únicamente los arrojados sacrifican sus logros personales para alcanzar metas del grupo. Solamente los valerosos afrontan riesgos sin perder un ápice de su influencia. 

Algunos alcanzan el éxito y otros fracasan, pero todo líder que se precie debe ser valiente. El valor es un atributo irrenunciable que marca la diferencia entre los que tienen la firme voluntad de alcanzar el éxito –asumiendo riesgos y costes personales y profesionales increíbles– y quienes se conforman con manejar la voluntad de un grupo más o menos cohesionado. Aquellos son verdaderos Bushidō y estos meros flautistas de Hamelín. Y, como de embelesadores de masas ya estamos cansados, dedicaré unas letras a quienes, siendo benévolos con los errores cometidos por los demás, son absolutamente intransigentes con las faltas propias, demostrando con ello sus dotes para la conducción de personas. 

El verdadero líder no es el que alardea de su posición destacada, sino el que, de manera discreta y callada, lleva a cabo la valiente actividad de servir a los demás. 

Muchos han seguido los pasos del Bushidō como código ético y modelo de liderazgo. Aunque no sé si es el caso, después de leer el Libro de Dennis N.T. Perkins «Las 10 estrategias de Shackleton en su gran expedición antártica» tengo que decir que el código de conducta de los samurais ha sido el que muchos grandes líderes siguieron, aún sin saber que lo hacían. Shackelton mantuvo sano, salvo y unido a un numeroso equipo después de dos años de aislamiento y penurias en la Antártida. El explorador puso en práctica, quizá sin saberlo, «El Camino del guerrero» seguido por los Samurais (Saburai: Aquellos que sirven) que bien podría resumirse en lo siguiente:

Ser siempre leal.

Leal a los principios individuales y los que rigen los intereses del grupo.

Poner de manifiesto su honestidad.

No es suficiente prometer. Lo importante es hacer.

Ser justo con audacia.

Premiando a quienes contribuyen al éxito, compartiendo los éxitos y asumiendo como propios los fracasos.

Practicar la benevolencia.

Ayudando a levantarse a quien ha caído.

Manifestar respeto y cortesía.

Reprende con la misma elegancia de conducta con la que recibiría el más apreciado de los premios.

Ser fuerte en la adversidad.

Cuando todo se desmorona su determinación es sólida y permanece inalterable. Sustituye el miedo por el respeto y la precaución.

No ocultarse de sí mismo.

El líder no necesita ser juzgado por sus acciones. El mismo se avergüenza o enorgullece de sus actos.

Como conclusión a todo lo anterior solo queda afirmar que el verdadero líder no es el que alardea de su posición destacada sino el que de manera discreta y callada lleva a cabo la valiente actividad de servir a los demás.

Juan de Dios Orozco López

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2 comentarios

  • MERCEDES CARRANZA MERINO
    19/08/2021 a las 17:03

    Extraordinario blog, muy interesante, es todo un placer poder compartir todo conocimiento es poco para personas disciplinadas con gran potencial para trabajar y con ganas de aprender.

  • 19/08/2021 a las 17:28

    Gracias. Es fácil teniendo lectores tan afables.
    Saludos cordiales.

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