Pepinos, branding y la «Bibora mala nécora».

La reputación de una marca se mide, entre otros parámetros, por su capacidad de soslayar momentos de crisis. Así, se podría afirmar que la reputación de una marca personal, institucional, de país o personal es directamente proporcional a la profundidad de la huella que produce en los públicos objetivo. Si una huella es poco profunda y se diseña y construye sobre arena de playa, tan pronto como llegue una ola o se produzca viento de levante, desaparece y con la huella desaparece también la marca.  Sólo si la huella es honda y se realiza sobre cemento u hormigón armado permanece la marca. Restituir la reputación de marca cuando la huella ha sido creada sobre cimientos en tierras movedizas es tremendamente costoso, y lo digo en términos económicos pero también en términos de percepción y credibilidad pública.

Los gestos de los políticos  ayudan al restablecimiento de la confianza y a generar sinergias que apuntalan las marcas. Sin embargo los gestos no son suficientes. Es necesario actuar, emprender acciones tan agresivas , cuando menos, como las que provocan una caida en picado de la imagen de marca. Hablo ahora de los pepinos y los productos de la huerta de España. No es suficiente con que la Consejera andaluza coma pepinos en público para que todos interpretemos que no tienen peligro. De la misma manera que no fue suficiente que Manuel Fraga se bañara en la Playa de Quitapellejos (tiene guasa el nombrecito) en Palomares para, con su gesto, poner de manifiesto que la caída de unas bombas atómicas en el mar eran asunto nimio y que no revestían peligro. Más reciente e insuficientemente efectivo ha sido el gesto del eurodiputado Francisco Sousa que, pepino en ristre,  reivindicó el honor de la huerta española.

El eurodiputado Francisco Sosa Wagner pepino en ristre
El eurodiputado Francisco Sosa Wagner pepino en ristre

¿Por qué la reputación alcanzada con tanto supuesto esfuerzo desaparece tan fácilmente? La respuesta es que, simple y llanamente, nadie ha cuidado de ella. Nadie se preocupó de actualizarla, apuntalarla, reforzarla y mantenerla cuando no existían problemas y ahora, por un quítame esas pajas -quiero decir quítame esos pepinos-…….la reputación se va al garete…porque lo dice Alemania que dispone de reputación, marca  y credibilidad probada.

Lo anterior lo digo porque he estado hablando con mi amigo Juan de Sevilla que, con su sabiduría innata, me ha hecho entender que el caso de los pepinos y el E-coli se debe a que nadie nos respeta como marca. Total qué más dá…¡que los españoles se coman el marrón!……quiero decir el pepino…ya no sé qué me digo.

Mi amigo Juan de Sevilla lo tiene claro. «Ar toro, se le coe por los cuennos y a la conseera alemana ahi que coerla por er mismo lao. Esa mué a disho lo kakerio y sa fumao siento de miyones de leuros en pepinos. Nadie nos a pedío discurpas y el pobrema pal currante. No ay deresho Güandedió. Ay que sé ma agresibos. Tenemos que darle ande ma le duele». ¿ Te refieres a la dimisión de algún político?, le pregunté. «No cooones, me refiero a asé er boicó a las sarshishas y al shucrú y toas las guarrerías esa dalemania. Ay que se agresibo, Guandedió, ay que pegal-le  en su credivilidá. Musha tesnolojía, musha creasió de puesto de travajo, musho motó económico de europa y mu poca berguensa…bueno la berguensa  no lan conosió por allí. Tienen ma cara qun saco moneas»

«Mos an dao la puntilla. La Merqel es una bibora mala nécora», me decía mi amigo Juan de Sevilla. Querrás decir mala pécora,  le corregí. «Que no Güandedió, que no. Que lo siguiente ba a ser que las nécoras españolas serán las culpavles del prósimo mal intestiná de cuarquié persona umana, o no umana, der mundo……..¡Ej que no tenteras!»

Omito decir, por respeto a todos vosotros, qué quería hacer mi amigo Juan de Sevilla con un pepino y la consejera alemana para restablecer la imagen de la verdura española. «Zería un pelotaso mediático, Güandedió». Este Juan tiene unas ideas de branding poco ortodoxas…. muy pero que muy poco ortodoxas. » To es fruto de la aplicasion diresta de las tesnicas que estudia mi guanesú -el hijo de Juan de Sevilla- en la Hunibersidá. Ze la ocurrio a el y a lamari en una zezion de trabajo con tesnicas de vrain estormin «, terminó por decirme. «Lamari, mi mué, a emprendio una canpaña paque toas las besinas der varrio no consuman produsto que no sean daquí. Y cuando lamari se pone, se pone. Bamo que sila pilla a la conseera alemana larranca los pelo hasta der sobaco, lubiera esho una depilazion integrá». Juan -le contesté- con la violencia no consigues nada. Créeme. También omito su respuesta porque se produjo en la misma línea de la comentada para la consejera alemana.

En fin, lo que pretendo decir, con la ayuda de Juan de Sevilla, es que cuando una marca tiene «picos» altos es cuando más se tiene que trabajar en ella para que en el momento que vengan las vacas flacas y los temporales, la marca y su reputación no se vea afectada…y lo mismo ocurre con los pepinos, las naciones, las empresas y las personas.

Y lo más importante es que, de vez en cuando, hay que soltar un golpe en la mesa para que los demás perciban que, además de pepinos, tenemos y defendemos nuestra dignidad.

Siendo nosotros los toreros, todo el mundo nos torea.

Tu, ¿qué piensas?

© Juan de Dios Orozco López.

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1 comentario

  1. MAGNIFICO. Absolutamente magnífico. Y esa ironía que no tiene precio y esos juegos de palabras sin «desperdicio» y que solo puede manejarlos alguien que tenga el manejo del lenguaje como tu……Habría que mandar sin dilación este artículo los periódicos.
    PD. Me he «jartao» a reir. Saludos a «Güan-de-Dio»

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