La imagen Real

Desde hace varios meses, hasta el más profano en comunicación e imagen ha podido observar que la Casa de S.M El Rey está llevando a cabo una campaña con la intención de hacer frente a la negativa percepción que la opinión publica tiene de la Corona. Algunos reprochan que desde los órganos de apoyo y asesoramiento del Rey se esté llevando a cabo esa campaña. Sin embargo, creo legítimo y muy oportuno que se ejecuten acciones que contrarresten y sobrepasen las campañas iniciadas que pretenden menoscabar y desprestigiar al Rey y a la monarquía parlamentaria como sistema de gobierno. Si derecho tienen aquellos a criticar, derecho tienen los asesores del Rey a utilizar las mismas armas para contrarrestar el envite. A pesar de ello, sí hay reproches que hacer. Habría que recriminar a los que participan en los procesos de toma de decisiones en las cercanías de S.M El Rey – que, por cierto, son funcionarios y no cortesanos- que no hayan sido más proactivos en sus acciones. Cabría reprenderles, también, por no diseñar con más prontitud una verdadera y eficaz estrategia de comunicación. Algunos les acusan de reaccionar de forma tibia y sin efectos medibles a las acciones de desgaste que ha sufrido la Monarquía española.Se durmieron en los laureles pensando que nada afectaría a la fuertemente cimentada Monarquía. Pero las crisis de imagen también afectan a las más altas instituciones del Estado y parece que nadie se ha preocupado hasta ahora del diseño de planes de contingencia y gestión de imagen pública en momentos de crisis. Como ya he manifestado en otras ocasiones, se tarda años en crear reputación y solo un minuto en derrumbarla, sean las consecuencias del derrumbe externas o internas.

Escudo de armas del Rey

En relación con S.A.R La Princesa de Asturias y su ya criticada presencia en los medios con motivo de su 40 cumpleaños, considero un activo su matrimonio con el heredero de la Corona frente a la opinión de los ortodoxos monárquicos que la menosprecian por no ser de sangre real y los que la acusan de ser nieta de un taxista. Curiosamente, los republicanos utilizan el mismo argumento para menospreciar a la esposa del Principe de Asturias que los más recalcitrantes y absurdos inmovilistas monárquicos. A aquellos y a estos hay que recordarle que solo reina El Rey y que su consorte no asume funciones constitucionales de acuerdo con el art. 58 de la Constitución. En el caso actual, no reinará la nieta de un taxista sino la de un Rey que, además, es nieta de un taxista. Por otro lado, el hecho de que un Rey o heredero pueda casarse con una plebeya no hace mas que acercar la Jefatura del Estado a la sociedad, dotándola de normalidad, circunstancia esta que viene siendo demandada por unos, otros y los de más allá. La Princesa de Asturias, que no comenzó con buen pié, ha demostrado estar a la altura de las circunstancias; ha aprendido rápido y ha asumido su «segundo plano». Quien niegue lo anterior, obtuso de mente es.

Escudo de armas del Príncipe de Asturias

Para finalizar, puede que el Rey haya hecho mal en caerse en un lugar recóndito de Africa. Es cierto que Urdangarín se ha aprovechado de su matrimonio con una Infanta de España, pero de ahí a cuestionar la Monarquía y al Rey hay una brecha que no se puede salvar sin argumentos que yo no considero de peso y sí percibo como interesados.
No es de justicia hacer reproches a la persona y a la institución sin reconocer antes y después el mérito de haber contribuido de forma decisiva a la democracia española. Todos los méritos negados al Rey se le reconocen a politiquillos de tres al cuarto que, sin ningún pudor, han asegurado puestos de trabajo para toda la vida a sus familiares, amigos y conocidos haciendo grandes fortunas sin mas mérito que el de ser sexador de pollos. No es honrado verter sobre El Rey los males que algunos políticos malintencionados, aprovechados, ineptos, incultos y pesebreros han traído a nuestra querida y maltrecha España.
Y la sociedad, creo yo, está percibiendo una imagen Real sesgada y distante de la realidad. Mucho de lo acontecido no tiene justificación, de la misma manera que la campaña orquestada contra el Rey y la monarquía responde a intenciones que tratan de ocultar otros fallos mucho más reprochables e injustificables.

En cualquier caso, ojalá que lo que esta ocurriendo en las cercanías de S.M El Rey siga en continuo movimiento y que «nunca volvamos a bañarnos en el mismo río».

© Juan de Dios Orozco López

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