Bienaventuranza de protocolo (II): Bienaventurados los discretos porque ellos serán aclamados.

Me lo encontré en el ascensor hace unos días. Fue un buen Jefe de Protocolo que trabajó en la Presidencia del Gobierno y en un Ministerio. Cordial, como siempre, ahora se dedica a otros menesteres aunque de vez en cuando ofrece alguna que otra conferencia. Me gustaba -y me gusta- su discreción. Es como los ojos del río Guadiana: a veces están y a veces no.

No sé cuantas veces he afirmado que el mejor Jefe de Protocolo es el que siempre está cuando es necesario, se hace invisible cuando todo marcha bien y nunca fue visto si el acto fue un éxito. También he escrito que el mejor protocolo es el que ni se ve ni se nota, precisamente porque se ha diseñado tan bien que nadie se da cuenta de que está presente.

Si la discreción, por razones de cercanía a las cabezas de la organización, ha de ser cualidad inseparable de un responsable de protocolo, no lo es menos la capacidad de estar sin ser visto para hacer bien este trabajo. Es lo que tiene el noble ejercicio de esta profesión, que el «pocholeo» de algunos se ve a la legua. Algunos quieren parecer y no pueden ser. Están en una lucha continua para salir en la fotografía, ignorantes de que la gloria de hoy tiene la consecuencia inmediata del oprobio y el olvido de mañana.

Féretro de Paco-de-Lucia
Juzga y adivina quien quiere salir en la foto. Es un conocido organizador de «saraos».

El Jefe de Protocolo es, también, la figura en quien se pueden descargar todos y cada uno de los fallos de su señorito (insisto en que «señorito» es un apelativo cariñoso). Desde este punto de vista, un Jefe de Protocolo siempre es necesario porque, para que todo ruede adecuadamente, alguien debe haberlo diseñado, gestionado y dirigido y, cuando algo no funciona, alguien debe asumir la responsabilidad y ser objeto de crítica. Quien no asuma que son pocas las palmaditas en la espalda que se reciben por un trabajo bien hecho y que la mayoría de las veces solo queda la «íntima satisfacción del deber cumplido», no sirve para esto de dirigir una orquesta protocolaria.

Hace unos días,  recibía un correo de una estudiante que me pedía contestar unas preguntas para un trabajo que llevaba a cabo sobre los intérpretes de idiomas en las cumbres de Jefes de Estado y en las reuniones de alto nivel. A una pregunta sobre el tipo de indumentaria que debía llevar el intérprete contesté que una de sus cualidades debía ser lo que yo denomino «discreción visual» Estas palabras vienen a significar que ningún miembro del equipo de protocolo y dela organización debe ser ostensiblemente visible. El mimetismo y la capacidad de adaptación son cualidades, también, del arte protocolario. Nadie de la organización de restar el más mínimo protagonismo a quienes realmente merecen esa distinción. Los de protocolo no somos actores sino ejecutores.

Así que, siguiendo con las bienaventuranzas que sobre protocolo comencé a escribir hace unas semanas, os dejo la que reza: «Bienaventurados los discretos, porque ellos serán aclamados»

© Juan de Dios Orozco López

 

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10 comentarios

  1. ¡Mil gracias, Juan de Dios!

    Desafortunadamente, es una cualidad cada vez menos frecuente, pero vuelvo a remitir a tu excelente post «Los filtros no se compran en los chinos» http://www.protocol.es/?p=4882. El quid está en cómo convencerles, cómo enseñarles.

    Como bien sabrás, se da lo que comentas en todos los órdenes, incluso en las cofradías durante las procesiones, ¡siempre hay alguien que se hace notar!

    Recibe un afectuoso saludo.

    Ana Belén.

  2. A ti, Juan de Dios.

    Por tu discreción, además de otras cualidades, sé que no te he ofendido con el comentario de Semana Santa.

    Un afectuoso saludo.

    Ana Belén.

  3. Gracias por el comentario sobre los intérpretes.

    Estoy totalmente de acuerdo con sus palabras y me encanta ese término de la «discreción visual». ¡Lo llevo a cabo siempre que puedo!

    Aprovecho la ocasión para darle de nuevo la enhorabuena por su blog.

    Un saludo,
    Helena Valdés

  4. No puedo estar mas de acuerdo, colega u amigo Juan. Y con el debido respeto añadiría que el Jefe de Protocolo ha de ir siempre por delante de su senorito y no en el asiento de delante.

  5. Estupendo comentario, pero qué difícil es conseguir que algunos que quieren ser profesionales del protocolo lo entiendan.

    El que quiera ser protagonista no debe dedicarse al protocolo. Hace años compartimos docencia en un curso en el que tratábamos el tema y lo titulamos «Los protagonistas de los actos».

    Un abrazo

  6. Gracias Pilar por el comentario. Es difícil pero tenemos que intentarlo explicándolo cuando tengamos oportunidad o buscar el momento oportuno como el que tu citas. La formación y la consultoría son momentos ideales para ello.
    Saludos afectuosos.
    JDD Orozco.

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