La elegancia no es cuestión de corbatas.

Antes de comenzar, quiero pedir disculpas por no haber asistido a mi cita semanal con vosotros de la semana pasada. Mucho trabajo, muchos proyectos y muy poco tiempo. Ya os iré informando…

Si piensas que voy a hablar de chaqués, trajes de noche, pamelas o taconeo, mejor dejas de leer este post.

Ya sabes que considero muy importantes las formas y las formalidades. Para muchos, esto de los códigos -sea cual fuere la actividad codificada- no es materia de su desinterés. El «corsé» que imponen las normas es algo que no va con ellos. Con los demás puede, pero con ellos no. Están convencidos, por ejemplo, que vestir de etiqueta o de manera formal responde a exigencias de otras antiguas y remotas épocas. Ellos son más de chanclas, bermudas y camisetas de tirantes con palmeras y girasoles, que es mucho más moderno, proporciona libertad de movimientos y no atenta contra las «livertades hindibiduales de la persona umana» Nada de corbatas. Mucho menos llevar un chaqué. Pero a mi me parece que cuando no respetan los códigos de indumentaria, además de desconsiderados con sus anfitriones, ponen de manifiesto sus doctorados en ignorancia patatera.

Debemos tener en cuenta una consideración previa: a una invitación en la que para un acto se pide expresamente asistir con una determinada indumentaria, es obligado acudir con esa indumentaria. Lo contrario es una afrenta al anfitrión, una desconsideración para los que sí asisten cumpliendo con las exigencias que determina el que tramita la invitación y una muestra de mala educación.

Está claro que «lo de menos» es lo que se ve y «lo de más», lo más importante, es la actitud elegante de asistir a un acto en el modo que se solicita y por convencimiento. Cuando la apariencia se corresponde con lo que realmente siente una persona, se alcanza el grado de elegancia al que muchos aspiran y muy pocos llegan.

Las formalidades y solemnidades, también, requieren de algún que otro pequeño sacrificio para diferenciarse de eventos intrascendentes o de promoción turística. Lo que se pide cuando se solicita una determinada indumentaria en actos importantes es, precisamente, pasar inadvertido para que nada  -mucho menos nadie- pueda distraer la atención de lo principal. Algunos, como si de un ladrón de guante blanco se tratara, pretenden robar protagonismo a quien es legitimo dueño del mismo, poniendo en evidencia su escasa humildad, falta de respeto, poca consideración y  deficiente aprecio por quien ha tenido el gusto de invitarlo.

Creo, y ya finalizo, que antes de asistir a un acto «malvestido» por la razón que sea -y las puede haber muy nobles y dignas de encomio-  es mejor declinar la invitación.

A buen entendedor pocas palabras bastan aunque debería quedar claro que la elegancia no es cuestión de corbatas.

Ya me dirás qué piensas de este asunto.

© Juan de Dios Orozco López

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16 comentarios

  1. Totalmente de acuerdo. Magnífica la perspectiva de pensar en el anfitrión y no en uno mismo. A veces demasiada «bulería, bulería» hace perder el sitio.
    Con permiso lo difundo

  2. Estimado amigo:

    Admiro su pluma y la ironía que vuelca en el papel. Sigo riéndome con sus escritos porque me imagino las situaciones que describe y que son «universales».

    Felicitaciones y un fuerte abrazo.

  3. Querido Juan:
    Suscribo cada palabra, los advenedizos sociales abundan, son aquellos que en mor de su fulgurante carrera en las artes, por ejemplo, se creen con licencia para todo. La clase, el señorío – que diría mi abuela- es algo innato, consustancial con la cuna o adquirido a fuerza de tesón, estudio y RESPETO. Creo que ese es el nudo gordiano de esta novela llamada la vida, el respeto, pues los protagonistas de los diferentes capítulos se entremezclan – solo por momentos, no nos engañemos- y , a veces, pierden los papeles, se le escapan al autor de la pluma.
    Recibe mi cariño y respeto personal y profesional.
    María del Pino Fuentes de Armas

  4. Mi Admirado Juan de Dios: Magnifico e hilarante artículo. No puedo más que unirme a todos los comentarios tan acertados que han hecho otros seguidores fieles de tu blog. No dejo de sonreirme ante tanta sofisticada ironia. Sencillamente…..Muy Bueno.

  5. Estimado Juan de Dios:

    ¡Mil gracias por tu artículo! Suscribo palabra por palabra lo que expresas.
    Me vienen a la memoria varias cosas: la primera, tu artículo «Los filtros no se compran en los chinos» y, en segundo lugar, el gran trabajo que se presenta. Desgraciadamente, algunos jóvenes desconocen que existe un código de indumentaria (dress code) y ven algo normal asistir a clase con gorra de beísbol, por ejemplo.
    Por otro lado, persiste la idea de algunas personas de pensar que llevar chaqué, frac, traje claro, oscuro, etc., es de «antiguos» y, ésto va ligado a considerar que el Protocolo es algo que hay que obedecer de vez en cuando; aunque ya ni siquiera cuando se nos manda, por lo que veo.

    Recibe un afectuoso saludo.

    Ana Belén.

  6. Más razón que un Santo, y santa paciencia de los organizadores de un acto, cuando se encuentran con el típico que cree que las buenas formas se inventaron para que algunos vayan de inconformistas.
    Me ha encantado el post.
    Saludos.

  7. Estimado Juan,
    Una vez más ¡Muy bueno!
    Tengo una pelea sin tregua con mis hijas por cómo deben ir vestidas a la universidad. Yo, cargada de razones, les digo que ni pantalones cortos ni chanclas. Y ellas me dicen que soy de otro planeta, que hasta sus profesores van con bermudas.
    Yo, en mis trece les insisto, a los profesores se les trata de usted. Y ellas me dicen que ellos se ríen y piden ser tratados de tu.
    Por supuesto no cedo en mi empeño pero pienso ¡Que difícil lo van a tener las pobres!
    Imagino alguno de estos profesores de las bermudas y el tuteo en cualquier evento.
    Gracias una vez más.
    Saludos

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