Lo último en indumentaria: No parecer de derecha.

Le ocurrió a Josep Tarradellas cuando alguien fue a visitarlo vestido de una manera que demostraba poco respeto por lo que   aquel representaba. El primer presidente de la Generalitat de Cataluña después de la Guerra Civil le espetó: » Señor *******, veo que sale usted de excursión. Por favor, cuando regrese vuelva a verme» y lo dejó con dos palmos de cara de sorpresa,  una lección de respeto, un metro de savoir faire y varios kilómetros de dignidad.

Esto de vestir de esta o aquella forma tiene para mi su importancia aunque muchos -los más avanzados y modernos- consideren que la corbata -por ejemplo- ha perdido vigencia y que un pañuelo en el bolsillo de una americana es sencillamente sinónimo de pertenecer a la casposa derecha.

Es muy cierto que existen determinados patrones de indumentaria que identifican y relacionan indumentaria con actividad profesional. Es una cuestión de credibilidad, entre otras circunstancias. En determinados ámbitos, los elementos de indumentaria y los complementos identifican y diferencian a quienes piensan y actúan de una manera u otra. La indumentaria responde también a estados de ánimo, lugares donde se va a desarrollar la actividad, ámbito social de la actividad, gustos particulares e incluso deseo de agradar o insultar. Yo ya he he disertado y ofrecida mi parecer sobre lo anterior en varias ocasiones. Quizá la opinión más razonada sobre códigos de indumentaria la ofrecí, como ya sabes, en el Museo Thyssen dentro de las actividades que se ofrecieron con motivo de una exposición retrospectiva de Hubert de Givency.

Esto de la codificación del mensaje de la indumentaria no se puede analizar ni estudiar de una manera aislada sino que son muchos los factores de índole personal y ambiental que sientan las bases para realizar afirmaciones como la de Rosa María Mateo. La administradora única de Radio Televisión española ha llegado a decir que llevar un pañuelo en el bolsillo de la americana es sinónimo de ser derechas. Por esa misma razón podría decir yo que cuando un hombre lleva el pelo largo o no lleva corbata es de izquierdas, y no siempre es así.

El problema no es ni el pañuelo, ni la corbata ni el pelo, ni la peluca…lo grave del asunto es que a quienes se les llena la boca de  proclamar y reclamar libertad adolecen de la coherencia más esencial. Por un lado reclaman libertad y por el otro se la niegan a los demás. La libertad termina cuando un complemento o una forma de vestir es identificada como de derecha. Dicho de otra manera, lo que está bien es parecer de izquierda. Es lo políticamente correcto. Echa un vistazo a la galería y entenderás……

Según el docto e infalible razonamiento de la periodista Rosa María Mateo -a quien le suponía inteligencia, profesionalidad, neutralidad e independencia- los presentadores de la televisión que ella dirige con tanto alarde de cualidades personales y profesionales, tienen que renunciar a sus señas de identidad para ser, parecer y actuar del único modo que a ella le gusta: no parecer de derecha.

La edición impresa de La Razón publica hoy una artículo de Marian Benito en el que expreso mi opinión sobre este asunto de la indumentaria y más concretamente sobre el uso del pañuelo.

En fin, después de que mi amigo Juan de Sevilla leyera este artículo, estoy un poco desconcertado y dolido por lo que me ha dicho: «Güandedió heres un tipo cameyónico». Yo he querido corregirlo diciéndole que lo que el querría decir es que soy un tipo camaleónico, a lo que me ha contestado: «Que nooooo Güandedió que parezes un cameyo de lo gordo quetestás poniendo y testasaliendo joroba»

Bueno, pues nada. Asumiendo parte de su calificativo, mientras pueda seguir comiendo raciones de oreja de cerdo frita, calentitos de champiñón y chorizo de ciervo acompañado de buen vino…….que así sea. Amén.

© Juan de Dios Orozco López.

 

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2 comentarios

  1. Mi Estimado Maestro:

    Respetuosamente, como siempre….»Se sale»….no he podido reirme mas…..

    No ha podido explicarlo mejor con sus ejemplos fotográficos.

    Mi admiración y un caluroso abrazo desde los frios, húmedos y lluviosos pueblos bárbaros del Norte.

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