Nos hace falta más protocolo.

Esta semana ha dado para hablar y debatir mucho sobre protocolo. A veces los fallos de protocolo son divertidos, pero los tres casos a los que me voy a referir me han producido una gran tristeza porque, conociendo a grandes profesionales de protocolo en Argentina y México, me ha sorprendido lo ocurrido. Ha sido  también una sorpresa por lo inesperado de lo ocurrido y también me ha producido indignación porque, en muchas ocasiones, un fallo de protocolo se traduce en un insulto a una persona o -peor aún- a una nación.

Comenzaré por referirme a lo acontecido en Argentina cuando, en un aeropuerto en el que va a tomar tierra el avión que transporta en vuelo oceánico a un Jefe de Estado, resulta que no hay escalera que llegue a la puerta del avión. He oído muchas escusas y leído otros tantos intentos de justificar lo injustificable.  A saber: que los responsables son los diplomáticos de la Embajada de España en Buenos Aires o que el aeropuerto no recibe aviones de esa envergadura….. y alguna que otra más disparata. El caso es que hasta para el más neófito de los organizadores de actos, advertir que un avión que cruza el océano es más grande que los que realizan vuelos nacionales en ese aeropuerto, es una evidencia. No hay pretexto para una acción en la que no cabe disculpa y cuyo responsable único es quien haya dirigido, por delegación del anfitrión, la organización del viaje.

La verdad es que con los elementos de juico que tengo a mi alcance, el único culpable debió ser fulminantemente destituido. Tener a un Jefe de Estado y a todo su séquito casi una hora inmovilizado y llegar a planear incluso un nuevo aterrizaje en otro aeropuerto es, cuando menos, imperdonable y, en el peor de los casos, merece el mayor de los reproches. En este caso creo que se ha dado una salida más digna al Jefe de Protocolo de la Cancillería de Argentina que, según medios digitales, ha dimitido. Esa dimisión le honra y con ello asume explícitamente la responsabilidad que le corresponde, pero no le exime de culpa. De todas formas, parece que la experiencia profesional de los asesores de protocolo en el gobierno de Macri, deja mucho que desear. Lo peor de todo es que los espacios que han ocupado los fallos organizativos -hasta se le caen las banderas en momentos mediáticos importantes- han llenado los que le correspondía al objeto de la Visita de Estado. Lo de siempre, un fallo de protocolo se convierte en un tremendo fallo de comunicación. Y en este caso el más perjudicado ha sido el Gobierno argentino que ha brillado por su falta de desempeño en la organización de actos importantes para el Estado.

El segundo hecho deleznable ha sido la carta que el Presidente de los Estados Unidos de México ha enviado a S.M. El Rey de España.

A los numerosos errores de la carta, se une un profundísimo desconocimiento de las formalidades diplomáticas, la ausencia del más básico sentido común, además de la escasez de cortesía, modales y etiqueta que rigen las relaciones diplomáticas.

Quien haya redactado esta aciaga y desafortunada carta esta muy bien preparado para vender tomates en un mercado rural pero no para asesorar a un Jefe de Estado que, por otro lado, pretende que otro Jefe de Estado asista a un acto «al más alto nivel» para acusarle, entre otros brillantes calificativos, de violento y criminal.

En un lenguaje casi infantil y carente de la sensatez y alta responsabilidad que se espera de un Jefe de Estado, Su Excelencia el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos ha demostrado su incapacidad para el establecimiento de relaciones sólidas con España, la ausencia de pericia de sus asesores, un desconocimiento total del arte de la diplomacia y unas maneras dignas de un luchador de lucha libre de USA. Allá el, pero los mexicanos no merecen un mastuerzo presidente como lo es AMLO.

Echa un vistazo a la carta donde se dirigen al Rey D. Felipe VI como “Su majestad”, cuando lo correcto es “Vuestra Majestad” o “usted” o “Excelentísimo Señor”.

https://pbs.twimg.com/media/D2oBfJUWsAE2VDA?format=jpg&name=medium 

Y por fin, el tercero en discordia y quizá del que menos esperaba que se comportara públicamente de manera tan poco elegante. El Papa. Sí. También se ha intentado justificar la actitud de retirar, de manera brusca y explícita, la mano a quienes le querían saludar como tradicionalmente se hace, no sólo con el Papa, sino con todos los jerarcas de la Iglesia Católica. El gesto de besar el anillo papal  forma parte de la tradicional cortesía y respeto de los fieles hacia sus pastores y muy particularmente hacia uno de los símbolos que durante siglos representa la autoridad de un pastor sobre su rebaño. He visto en el Papa malos modos en público. No se puede amparar ese gesto ni en el deseo de dar fluidez a la cola de fieles -por falta de tiempo-, ni por el deseo personal de demostrar modestia, ni para evitar el contagio de gérmenes. Esta última ha sido la excusa burda e increíble que ha dado oficialmente el Vaticano. 

Lo que Su Santidad el Papa ha logrado ha sido lo contrario de lo deseado. Me ha recordado al Príncipe heredero de Marruecos, más que al sucesor de San Pedro. Soy católico y me entristece muchísimo este fallo papal. Aquí puedes ver el vídeo. Quede claro que la infalibilidad del Papa está directamente ligada a los asuntos del cielo. En este terrenal asunto, ha fallado y mucho.

https://youtu.be/j-ZGFl3aIoY

Mi amigo Juan de Sevilla, enterado de todos mis movimientos, me ha recriminado: «Güandedió, tupaquétemeteenná. No te ban ha deá entrá ni en Hargentina ni en Mégico……y paqué te boy a contá……ni en er sielo. Bete preparando pa una larga hestanzia en el purgatorio…..como poco….. porque creo que Zan Pedro a tomado vuena nota y heztá muuuuuiiiiii contento… ¿zaves?»

En fin, para los incrédulos que no creen en el protocolo: Si en estos altísimos niveles de responsabilidad tienen esos fallos, ¿Qué no tendrás en tu ayuntamiento, diputación, autonomía, organismo, institución, empresa o en tu propia relación social?

Protocolo. A ti y a mi nos hace falta MAS PROTOCOLO.

© Juan de Dios Orozco López

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