La propina y el riesgo de herir susceptibilidades.

Solo dos veces me ha ocurrido en toda mi vida. Y ayer fue la última. No vuelvo a dar propina….o, mejor dicho, a intentar darla. Hace más de treinta años quise agradecer con una propina la ayuda que me proporcionó la persona que me ayudó a subir las maletas a la habitación. De manera educada la rechazó, y su actitud no me gustó. Ayer, en el Circo del Sol, me volvió a ocurrir lo mismo. No le di más importancia pero como estoy falto de inspiración para escribir, he creído que el rechazo de una propina podría ser motivo suficiente para levantarme de la cama a las 06:30 de la mañana para escribir. Deben ser cosas de la edad….

El caso es que reflexionando sobre el asunto, hubiera sido muy interesante conocer porqué aquel joven y la chica de ayer rechazaron mi propina. Está claro que en bares y restaurantes de algunos países el servicio no está incluido. Para mi, eso no es propina sino que es parte del salario que percibe quien te ofrece el servicio. La propina -al menos en España- tiene otro significado. Así lo entiendo yo.

En España el servicio está incluido y dar una propina debería ser interpretado como una muestra de agradecimiento por haber disfrutado de un buen servicio o por haber recibido una ayuda estimable. El servicio y la ayuda son reconocidas por quien las recibe con un agradecimiento verbal -gracias, por ejemplo- y un hecho físico, mediante el ofrecimiento de una cantidad de dinero. El agradecimiento verbal es público mientras que la propina debe entregarse de manera discreta. El acto de dar y recibir propina deberían quedar exclusivamente en el conocimiento de quien la da y quien la recibe. La cuantía debe ser proporcional y mesurada de manera que quien la recibe no se vea observado como un indefenso y sumiso siervo y el que la ofrece no parezca tan falto de elegancia que muestre los billetes para hacer patente que es más pudiente económicamente.

La propina por lo tanto es un reconocimiento, una medalla que reconoce un mérito extraordinario que se da por ir más allá de la obligación y debería recibirse con satisfacción……..si se entrega con honestidad.

En mi caso, no doy propinas porque sí. Las doy porque es mi manera de expresar mi gratitud por el servicio o la ayuda que recibo. Pero, en lo sucesivo, por si quien es objeto de mi agradecimiento se pueda sentir herido, solo reconoceré los méritos diciendo simplemente gracias. Es más, me parece que el rechazo de una propina que se ofrece con buena intención -y la intención se detecta con rapidez- es de mala educación, de muy mal gusto porque con el desaire de no admitirla se juzga al cliente que la ofrece.

A mi amigo Juan de Sevilla no le parece correcto mi modo de pensar y me acaba de decir en nuestra conversación matutina: «Mira Güandedió, llo e trava jao musho en ostelería y cuando arguien nos dava propina asiamo zonar una canpana en el var. Déate de tontería y, zipuede, deja dies euritos mejó que sinco». Lo siento -he contestado a mi amigo Juan de Sevilla- yo ya no me arriesgaré a herir susceptibilidades.

© Juan de Dios Orozco López

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