Protocolo con intención.

He venido sosteniendo -y creo que lo seguiré haciendo- que el protocolo existe solo cuando no se nota. Lo escribí hace tiempo: «Cuando el protocolo se nota, ya no es protocolo» Si un profano, después de asistir a un encuentro del tipo que sea, afirma «aquí hay mucho protocolo», es que el protocolo no ha existido. El protocolo moderno se adapta al terreno, es discreto, flexible e integrador y no necesita hacerse presente para existir. Quien está acostumbrado a asumir lo anterior tiene muchísimo éxito en cualquier parte del mundo. Por eso creo que cuando nos acercamos a culturas diferentes a la nuestra con afán conciliador, debemos intentar adaptarnos a su forma de ser, estar y actuar buscando no poner obstáculos en una relación que, a priori, puede ser beneficiosa para ambas partes. Lo que no entiendo es cómo, en muchas ocasiones, nos acercamos a personas que no nos interesan, […]

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La cultura del agrado y el privilegio de ser educado.

En un mundo cada vez más deshumanizado en el que ya ni siquiera nos saludamos al entrar en un ascensor porque lo importante esta en el teléfono; en una sociedad en la que los jóvenes no ceden la derecha a sus mayores porque desconocen el significado de ese gesto y en una colectividad en el que muy pocos nos levantamos para ceder el asiento a una embarazada, quienes destacan por sus buenos modales resultamos ser unos seres extraños, unos bichos raros. Hay quien busca ser genuino y no lo consigue nunca, y hay quien sin buscarlo lo es porque lo lleva en sus genes. Diferenciarse de la masa siempre tiene premio. Aun así, para algunos, ser educado lleva asociado los calificativos de casposo, ajado, dulzón o amanerado. Afortunadamente para otros, la recompensa al rechazo de lo grosero va más allá de la satisfacción personal para alcanzar el reconocimiento del grupo […]

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