El cliente NO siempre tiene la razón.

Si alguno de los más tradicionales hoteleros o profesionales de la hospitalidad me lee, quizá se lleve las manos a la cabeza. Yo vengo sosteniendo desde hace mucho tiempo, que el derecho del cliente a tener razón finaliza cuando sus modales desaparecen. Es precisamente en el momento en el que la educación deja de estar presente cuando se hace necesario hacer ver que la demanda de nuestro cliente NO llegará a buen puerto. Un sola salida de tono, y la conversación debe finalizar. «Una y no más, Santo Tomás». Quien pretende argumentar desde la mala educación, pierde el derecho a ser oído y la legitimidad para que su queja sea satisfecha. El cliente es lo más importante de un negocio pero si se permite pisotear la dignidad de un solo trabajador, se destruye uno de los grandes pilares que sustentan la estructura de la empresa. Sirva para ilustrar lo anterior […]

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