Mamarracha y populista.

Cuando en una situación social no sabes qué hacer ni cómo actuar pero eres consciente de ello, lo admites, e intentas salir airoso de esa incómoda situación con la discreción por bandera, te conviertes en una persona elegante porque evitas llamar la atención. Ello no disminuye tu ignorancia pero, al menos, te sitúa ante los demás como alguien natural, sencillo y honesto. Por el contrario, cuando buscas excusas burdas e increíbles por tu falta de puntualidad -por ejemplo- a una invitación,  además de mal educado, te conviertes en soberbio porque te arrogas el papel de anfitrión que no te corresponde. En relación con la mala educación de los políticos,  mi amigo Juan de Sevilla me ha enviado un texto, relacionada con el «populismo y el oportunismo» de la vicepresidenta del Gobierno Balear, que yo he aseado para hacerlo comprensible además de obviar alguna palabra excesivamente dura. Juan no ha visto el resultado […]

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