La mala educación y la política.

Como en anteriores ocasiones he comentado, una de las características de la mala educación es expresar, en todo momento y ante cualquier persona, lo que uno piensa sin tener en cuenta si nuestras palabras insultan a los presentes. Pero el colmo de la mala educación es manifestar público menosprecio a los que nos acompañan, muy especialmente si ese desprecio manifiesto se produce en la casa a la que acudimos como invitados y el “insulto” se refiere directamente a nuestros anfitriones. Por poner un ejemplo: Imagina que invitas a una persona a tu casa, le ofreces toda clase de atenciones y, de pronto, tu invitado se levanta y dice en voz alta al resto de los invitados que otro amigo de ambos tiene mejor vino y es más divertido de lo que tu jamás pudieras llegar ni a soñar. Esto es lo que le ha ocurrido con Jaime Lissabetsky y su anuncio de […]

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