La cultura del agrado y el privilegio de ser educado.

En un mundo cada vez más deshumanizado en el que ya ni siquiera nos saludamos al entrar en un ascensor porque lo importante esta en el teléfono; en una sociedad en la que los jóvenes no ceden la derecha a sus mayores porque desconocen el significado de ese gesto y en una colectividad en el que muy pocos nos levantamos para ceder el asiento a una embarazada, quienes destacan por sus buenos modales resultamos ser unos seres extraños, unos bichos raros. Hay quien busca ser genuino y no lo consigue nunca, y hay quien sin buscarlo lo es porque lo lleva en sus genes. Diferenciarse de la masa siempre tiene premio. Aun así, para algunos, ser educado lleva asociado los calificativos de casposo, ajado, dulzón o amanerado. Afortunadamente para otros, la recompensa al rechazo de lo grosero va más allá de la satisfacción personal para alcanzar el reconocimiento del grupo […]

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