Diez mandamientos para ganar reputación.

He oído muchas veces en boca de otros tantos profesionales la manida frase «Que se hable de mi, aunque se hable mal». Este ejercicio -poco acertado desde mi punto de vista- es el que practican algunos con parca dignidad personal y mucha menos eficacia profesional. Quienes hacen suya esa máxima son muy conscientes de que ante su escasez de recursos profesionales, no hay otra forma de despertar interés si no por el morbo que provoca ser vocinglero, extravagante y excéntrico en el plano profesional y un chabacano y vulgar individuo en lo que afecta a lo personal. El equilibrio en esas circunstancias es muy inestable aunque circunstancialmente sea rentable. Quien actúa de esta manera puede disfrutar del éxito momentáneo que siempre será impulsado por otros de su misma condición, desesperados ante el éxito del que disfrutan quienes sí tienen una meta en el horizonte y nunca se aferran al  corto plazo. […]

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Políticos y la prueba del algodón.

Hay un orden inalterable -imagen, credibilidad y prestigio- de necesario recorrido para poner en un escenario público a un actor que pretenda tener éxito. Las herramientas para conseguir el éxito quizá sean diferentes dependiendo del ámbito de actuación, pero la planificación estratégica – los pasos y el modo para llevarlo a  cabo- viene a ser la misma para una persona que para un producto de limpieza. Para poner a alguien o lago en el candelero se comienza, como ya he comentado en otros artículos,  por crear una imagen del actor que no cambie en esencia sus valores personales y éticos. «Crear imagen» no significa más que hacer llegar al público los mejores atributos de un actor. Así pues, si el personaje no dispone de cualidades, lo que necesita no es un asesor de imagen sino un milagro. Es obvio, quien no tiene no puede dar. Otra cosa es aprender a hacer llegar al público esas virtudes. Sin duda, hay […]

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